Blog de Sergio Andricaín


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Alain-Fournier y “El Gran Meaulnes”

Cuando estudiaba en el preuniversitario del Vedado, en La Habana, mi amiga Emma Romeu, con quien siempre estaba compartiendo libros, paseos y sueños, me regaló un ejemplar de la novela El gran Meaulnes (Le Grand Meaulnes), de Alain-Fournier, y me dijo, con ese apasionamiento que la caracteriza, que debía leerlo enseguida.

Empecé a cumplir mi tarea… y quedé atrapado por la historia desde su escueto y misterioso comienzo: “Llegó a casa un domingo de noviembre de 189…”. Hay libros que llegan precisamente en el momento en que uno los necesita, y así sucedió con este. Cayó en mis manos justo en el momento en que me adentraba a la vida con mis primeros pasos de joven-adulto, como los protagonistas de la obra (Augustin Meaulnes, François Seurel, Yvonne y Frantz de Galais), y como ellos, recibía mis primeros triunfos y derrotas.

Pocos libros he releído tanto como este. Sus personajes me acompañan desde hace más de 35 años y he vuelto a sus páginas muchas veces como se regresa a una fuente de agua pura y cristalina.

Hoy se cumplen 126 años del nacimiento de Alain-Fournier y coloco a El Gran Meaulnes en mi mesa de noche, por encima de otros libros que aguardan su turno para ser leídos. Es la mejor forma de celebrar el cumpleaños de este autor, desaparecido en las turbulencias de la Primera Guerra Mundial, cuando estaba a punto de cumplir veintiocho años.


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A propósito de “Femina plantarum”

Hace unos días fui al Design District de Miami a ver la exposición “Femina Platarum”, de la artista Elsa Mora, que aún se exhibe en la galería Pan American Art Projects. Elsa Mora es una creadora cubana que nació en Holguín, en 1971, y que vive y trabaja en los Estados Unidos desde el 2001. Para mí, fue una grata sorpresa descubrir el quehacer de esta pintora y dibujante que no conocía. Me gustaron su manera delicada de componer, la acabada factura de cada obra, el sugerente uso del color, la fineza de la línea.

Su propuesta, sumamente original, revela una mirada atenta a la obra de los dibujantes naturalistas del siglo XIX para hablarle al espectador de hoy de los constantes prodigios y maravillas que ocurren, muchas veces de manera imperceptible, ante sus ojos, casi como un milagro.  Evoqué, al mirar los trabajos de Elsa, las Metamorfosis, de Ovidio, quien mediante el lenguaje de la poesía nos habló de las variadas formas de la naturaleza, de sus incesantes mutaciones y, sobre todo, del estrecho vínculo que el hombre establece con ese extenso entramado de flora y fauna que le rodea, lo abraza y lo incorpora. Esta exposición es, además, una indagación profunda sobre la condición femenina: de sus claves y secretos, de los misterios que rodean a la mujer desde los tiempos más remotos.

Una muestra inteligente y concisa, pequeña en número de obras, pero de gran calidad, capaz de satisfacer a los amantes de las artes plásticas, como todas las que ha exhibido a lo largo de este año Pan American Art Projects, galería que evidencia en sus propuestas un concepto coherente y definido.